Hola… ya me presenté anteriormente. Pero creo que es necesario que aclaremos como comienza este movimiento.
Vivo en un edificio. Alto para la clase de edificios que hay por la zona donde vivo. De hecho, es el unico edificio que hay en 7 u 8 cuadras a la redonda. Existen otras edificaciones altas por ahí, pero que yo viva aqui y en el último piso influye de manera impactante en el descubrimiento que hemos realizado.
Es una zona tranquila. Si bien se encuentra en la confluencia de dos avenidas de gran caudal automovilístico, no deja de ser un suburvio relajante. Un barrio.
Cuando me mudé, una de las principales características de mi asentamiento fue la falta de vecinos en mi piso. Eso nos daba la tranquilidad de poder juntarnos asíduamente y hacer toda esa clase de cosas que pueden hacer amigos cuando se reunen a pasarla bien. Entre esas cosas, hacer estupideces.
Entre esas estupideces, se encontraba una que nos causaba particular gracia. Golpear las ventanas que daban a la calle, en donde descanzaban plácidamente las palomas.
Nos divertía, particularmente, ver como saltaban asustadas y salían volando en pos de la busqueda de otro lugar donde descanzar (quiero dejar en claro que este fenómeno se daba cualquier día y en cualquier horario).
Hasta que un día, notamos como aquellas palomas que anteriormente brincaban al vacío ante el menor disturbio de su paz… dejaban de hacerlo.
Esta claro que este suceso no nos perturbó demasiado. En un principio no causaba mas que un insulto al aire o un comentario entre nosotros por no concretar nuestro cometido.
Hasta que, atónitos, descubrimos que, no solo ya no saltaban, sino que nos miraban desde el otro lado con cara de “no me rompas las bolas idiota”.
Interesante.. no?
Así fue que después de un tiempo, dejamos de golpearles las ventanas. Pensamos que se habían acostumbrado y que, por “desacostumbramiento” podríamos volver a practicar esta actividad tan relajante y divertida en poco tiempo.
Eso nunca pasó.
Al contrario. Lejos de comenzar a asustarse de nuevo. Comenzamos a ver que cada vez había mas y mas plumíferos. La baja concentración en un principio nos llamaba la atención gracias a que, como les conté en un principio, estábamos en un lugar alto y poco molesto para ellas. Pero, como ningún extremo es bueno, la concentración excesiva de aves nos perturvó.
Así que comenzamos a comentarnos este fenómeno. Sin dejar de golpear ventanas, tal vez, por inercia.
Hasta que una mañana, mientras dormía plácidamente, escuche de fondo el ruido característico palomeríl (si se me permite el término). Una especie de “uuh uuh uuUUuuhh“, apagado, casi de ultratumba. No me molestó tanto a pesar de ser las 6 am. No obstante, ese ruido se prolongó. Cada vez mas fuerte. Cada vez mas intenso. Cada vez mas insoportable.
Me dije a mi mismo: “paloma de mierda… la voy a sacar a escobazos”… y salí. Salí estoico con mi escobillón en la mano, iracundo, medio dormido, desnudo.
Y ahí la vi… depositada sobre los respiraderos del edificio. Me miraba. Uno nunca le da bastante importancia a los animales salvajes y comunes que nos rodean, salvo que estos representen un peligro para nuestro ser. Un perro que nos muestra los dientes, un gato que se le eriza el pelo y nos mira en pos de ataque. O incluso algún roedor o insecto que nos sorprende y asusta. Pero… como explicarles que la paloma me miraba? Como explicarles EN QUE FORMA me miraba? Ahí… sobre el respiradero del edificio. Cuasi estática, cual gárgola desafiante.
Fueron 5 segundos. 5 segundos en donde nos miramos fijamente. La frialdad de sus ojos inertes me dió escalofríos . Fueron sólo 5 míseros segundos… pero tuve que tenerle respeto. No la saqué a escobazos. No fue necesario. Ella se dió vuelta y voló, quien sabe a donde.
Nunca conté este episodio. Esta es la primera vez.
Mas allá de este suceso. Nunca mas una paloma se posó en las ventanas de mi edificio. Todos lo notamos. Todos. Y, verdaderamente, fue ahí cuando nos dijimos: “algo traman…”
Estamos advirtiéndoles sobre algo que, creemos, es sin retorno. Hagan lo que deban hacer.
Capitan Barbacoa.

